Sufrimos sin querer porque queremos.

Estoy aquí, tirada en la cama… mientras escucho varias cosas e imagino en mi mente unos ojos empapados y lágrimas que sin quererlo empiezan a caer hasta convertirse en algo imparable. Hablamos, pero nunca llegamos a nada; lloramos, porque no sabemos que decir para explicar lo que sentimos; a veces también nos odiamos, e incluso decimos cosas que no sentimos, pero sin quererlo ya las has dicho todas…

La cuestión es… ¿Por qué nos hacemos daño si realmente nos queremos con locura? Nadie dijo que el amor fuera algo sencillo. Es más, todos sabemos que más bien es todo lo contrario. Todos sabemos demasiadas cosas pero somos demasiado torpes para utilizar esos conocimientos. Realmente, sufrimos porque queremos. No nos engañemos más. El azar no existe, ni tu vida ni la mía ni la de nadie están escritas. Es muy cómodo pensar eso. Pero no es así, o al menos eso pienso yo.

Es muy fácil decir “se acabó porque no era para mí” en vez de pensar que tal vez podríamos haber hecho algo para salvarlo. El caso es que el tiempo corre, sigue pasando, y a pesar de que nos queremos con locura; nos seguimos haciendo daño. No pasa nada por llorar de vez en cuando. Es sano, es necesario. Pero por más que lo diga la gente… llorar no es bonito. Supongo que cada día le toca a uno, pero tal vez, al escucharte ahora, al imaginar lo que sientes ahora, me han entrado estas ganas locas de escribirte algo. A veces hay que explotar, pero siempre tiene que servir de algo. No sé porque os hacéis esto, si os quereis tanto. Está claro que a veces se olvida, pero hay que recordarlo.

Parece que de nuevo las cosas se han arreglado. Ya no oigo silencios eternos, ya no escucho gemidos ni llantos. Otra vez más, lo habéis superado, pero que esto sirva de algo. Esperamos a la próxima como si discutir y hacerse daño fuera algo normal y cotidiano. Sabemos de sobra lo que duele, lo que molesta, vamos a querernos un poquito ¿no?, sonreír es mucho más divertido. Podemos pasar a nuestra historia siendo un beso interminable, una cena sorpresa, una conversación decisiva o una pulsera de lo más sencilla. Es mejor que ser “el cabrón que me destrozó la vida” o “la guarra que lo estropeó todo”. Como siempre me recuerdan- muy a menudo, y será por algo- dos no discuten si uno no quiere. Y sinceramente, buscar culpables solo sirve para perder el tiempo. No sé si se ha entendido lo que he escrito, es algo abstracto e improvisado. Yo de momento, prefiero ser un beso de película, y por lo que veo vosotros también.

Pararse a reflexionar a veces sobre según que cosas no es malo, sirve para evitar tropezar 745 veces con la misma piedra. De todas formas… algo me dice que seguiremos equivocándonos, que para eso estamos. De eso no hay duda.

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