Ana Continente: “La técnica hay que conocerla, hay que vivirla, hay que aprenderla, hay que asimilarla… para luego, si tienes verdadera necesidad vital, rechazarla”

3Otra de las nuevas incorporaciones a nuestro equipo de profesores del CMA Las Armas ha sido la coreógrafa y bailarina Ana Continente. El pasado mes de febrero comenzó su andadura docente en el CMA “Las Armas” en la Escuela Profesional de Danza. Así empieza una nueva etapa en su dilatada carrera profesional y se abre un nuevo capítulo para nuestro centro de formación.

Ya ha pasado más de un mes desde que comenzara a trabajar en el CMA Las Armas. ¿Qué vibraciones le transmite este nuevo proyecto?

Estar dentro de un proyecto interdisciplinar como éste, que trata de formar a una persona con aspiraciones artísticas dentro de varias tendencias, me parece de una riqueza muy particular. Es algo que en Zaragoza todavía no se había dado, antes una persona que quería formarse en esta variedad debía acudir a varios centros. Unificar un proyecto artístico de ésta manera me parece muy enriquecedor, muy personal y muy auténtico; y formar parte de él, con lo que yo pueda aportar y a su vez recibir, me parece muy interesante para mí en mi momento personal.

Es bailarina, coreógrafa… y también profesora. ¿Qué significa para Ana Continente esa faceta de educadora?

Fui a la docencia de una manera más bien inconsciente. Llega un momento de tu vida en el que, aunque te queda mucho por aprender, te sientes con mucho conocimiento y manejas unos códigos… y en mi caso salió de una manera natural el ir a compartirlos. Para mí, el enfrentarse a un aspecto docente es siempre de semejante a semejante, es decir, dar y recibir en la misma medida, pero sobre todo, para mí la docencia ha sido una manera de descubrir mi lenguaje, una herramienta de autoconocimiento. Obviamente es un aporte económico, pero eso se vuelve secundario. Realmente es muy enriquecedor el poner en tus manos a una gente con mucha ilusión a la que le enseñas tus códigos, tu lenguaje, tu energía… y esa respuesta es un autoconocimiento muy potente.

Una de las características básicas de su estilo, la danza contemporánea, es que unifica danza y teatro y que utiliza a menudo la improvisación creando un nuevo método de baile. ¿De dónde viene esa necesidad de expresarse?

Al principio, yo quería bailar, ser bailarina; pero me di cuenta rápidamente que en la danza no sentía una expresión que reflejase mi totalidad. Veía una carencia a la hora de expresar desde un movimiento más auténtico y echaba en falta que las emociones fuesen parte de esa expresión, es decir, para mí la danza es el estudio de unos códigos, de una forma y de una estética, y me parecía un discurso incompleto. Entonces empecé a formarme como actriz. De hecho he trabajado como tal pero me pasó lo mismo. Los actores tenían una falta total de dominio de su cuerpo, de expresividad. Y es que el cuerpo en realidad es el vehículo de todo, un elemento que expresa todo el tiempo la verdad. Y esto es lo que me interesa. Si partimos del pasado, en realidad, la danza y el teatro siempre han ido juntos.

¿Y por qué contemporánea?

Dentro de la danza contemporánea partimos del primer salto histórico que es Isadora Duncan, – hija de bailarina clásica- que fue la primera persona que se enfrentó en la etapa de los ballets rusos a toda una institución del ballet a nivel mundial. Y todo para ser libre. Se enfrentó a romper con los códigos para expresar un mundo muy particular y un mundo libre. Después llegó Martha Graham, que planteó escapar de todo aquello que en ese momento se consideraba popular – o elitista y minoritario – y así, de repente, apareció la danza contemporánea que rompió con todo esto. Me interesé por la danza contemporánea precisamente por eso, por la búsqueda de ese conjunto que es la expresión a través de los códigos de danza y de la técnica, (porque sin técnica no existe la danza). Se trata de la búsqueda de una totalidad: mente, cuerpo y espíritu.

¿Se identifica con Isadora Duncan?

Isadora Duncan rechazaba la técnica. Yo no estoy en ese punto. Me identificaría más con Pina Baush, quien ha utilizado la técnica como mecanismo de expresión. Para mí la técnica hay que conocerla, hay que vivirla, hay que aprenderla, hay que asimilarla… para luego, si tienes verdadera necesidad vital, rechazarla. Pero para mí la técnica sí que es muy importante.

Escenario o calle.

Ambas dos. Soy tan urbana como rural. Necesito tanto la naturaleza como el movimiento urbano. Y con la danza me pasa igual. La calle es un espacio que he trillado, sobre todo en Zaragoza. Pero ahora quiero más el escenario, necesito el glamour del público, de los focos… de lo que son los códigos escénicos que son muy diferentes.

Decide salir al extranjero para formarse en la danza. ¿Cree que es imprescindible salir fuera para ser un buen bailarín o bailarina?

Sí, es imprescindible para tomar unas fuentes y unas referencias con mucho más peso que en España, donde todo es mucho más reciente. Aquí venimos de un proceso que no debemos olvidar, de 25 años sin ver películas en versión original, de no conectar con el universo que nos rodeaba… y mientras aquí estábamos viviendo una decadencia cultural muy fuerte y todo lo que era innovador era exilio, en Europa estaban pasando muchas cosas, igual que en EE UU. Después de la II Guerra Mundial, los bailarines se van a EE UU y convergen la danza europea y la estadounidense en América.

¿Se refiere a salir de España en busca de una formación completa o como complemento de dichos estudios?

Sobre todo en contemporáneo y en danza teatro sí. Yo aquí ahora empiezo a ser respetada – ya casi con el “pelo blanco” – y a que se reconozca lo que hago. He generado un lenguaje nuevo a través de la unión y de la hermandad de esos dos lenguajes, y para ello hace falta un conocimiento muy profundo de los dos. Pero en España, la danza teatro no está tan considerada como en el Norte de Europa, en Alemania, Bélgica… Por eso en mi materia y en mi formación sí que resultó imprescindible salir de España.

¿Cómo es de importante la faceta autodidacta del bailarín?

Para mí, vital. Sería algo así como el 89%, porque luego está también la formación, en la que puedes escapar de ser autodidacta y optar por algo que ya está muy estructurado e institucionalizado. Pero yo creo que el artista es artista y es ser humano, es decir, yo me considero como artista vehículo del arte. Soy algo relativo comparado con la potencia del arte que manejo y domino, y esa fuerza como persona, esa pasión, ese tesón, ese esfuerzo y esa disciplina me lo ha fomentado el ser autodidacta.

Siempre le marcó mucho el conocer otras culturas… ¿Alguna en especial?

Sí, no sé a qué se ha debido mi gusto por conocer las diferentes costumbres, pero sobre todo hay una que me marcó especialmente: la danza africana. Empecé con el flamenco y el africano a la vez, el primero fue tan solo por investigación y curiosidad, pero con el segundo no me pasó igual. Entré por ampliar mi lenguaje y me quedé muy enganchada durante muchos años. He estado 5 estancias en Senegal, alguna de varios meses, e incluso estuve en el sur, en Casamance, como bailarina integrante de un ballet – era la única blanca –  dentro de una historia muy tremenda. Pero claro, llega un momento en el que me doy cuenta de que no deja de ser folclore y que al fin y al cabo sigue siendo un lenguaje limitado que me apetecía llevarme a otros terrenos, y no quedarme ahí.

Nominada a espectáculo musical revelación en los Premios Max 2012, premio en el Festival Harmony Sweepstaak de Nueva York por la coreografía de “Vocalittessen” de B Vocal, coreógrafa de “Habibi” con el Viridiana Teatro en Huesca… ¿Qué planes tiene para el futuro?

El último espectáculo que he generado ha sido Certificado de existencia. Me ha costado mucho esfuerzo y mucha dedicación, y después de casi dos años no he tenido las suficientes fuerzas renovadas para volver a crear y a luchar por una producción propia, aunque sí he creado y coreografiado para otras compañías. Y eso que ésta producción todavía está en gira. Precisamente en este árido Aragón, al ser un espectáculo tan personal y tan poco clasificable con lo que ya se conoce, no ha sido muy aceptado… ha sido un espectáculo amado y odiado.

Ahora tengo un nuevo proyecto junto con el que fue el bailarín, Leodán Rodríguez Casas, que encajaba perfectamente en los códigos y el lenguaje. Es un bailarín muy abierto, muy creativo y muy polifacético. Además estaba el pianista Javier Aparicio que completaba el trío artístico. Ahora Leodán Rodríguez, me ha propuesto hacer una residencia artística conjunta con otra bailarina, con un actor y otro artista plástico. Estamos barajando la posibilidad de trabajar juntos de nuevo en este proyecto. Otro de mis últimos encargos del Ayuntamiento es la Semana contra el racismo que empieza el 18 de marzo en La Casa de Las Culturas. El espectáculo ha sido un encargo sobre danzas del mundo que se llama “El Mundo es Nuestro”.

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