Precisamente hoy

Si estallase precisamente hoy creo que podría hacer y decir casi cualquier cosa, cualquiera. Estoy ofuscada. Me ofusco porque no llueve, diluvia. Me ofusco porque veo el oportunismo y el interés que mueve al mundo y me resulta completamente imposible ignorarlos, me repatea. Me ofusco por el sentimiento de impotencia generalizado, ese que veo e intuyo a diario en rostros y conversaciones. Pero nadie hace nada. Me ofusco porque la gente se me cruza por la calle y entorpece mi camino, y les gritaría con todas mis fuerzas. “¡Qué loca!”, dirán algunos; obviando las numerosas veces que ellos mismos lo habrán imaginado. Hipócritas. Como lo somos todos.

Me cansa, me cansa muchísimo la actitud de aquellas personas que se empeñan en hacer que no pasa nada cuando no es cierto, cuando realmente está pasando; pero la actitud cobarde es la más cómoda. Cobardes. De eso se trata ¿no?, de que cada uno se busque la vida sin inmiscuirse en la del resto sin ser invitado. Y solo nos damos cuenta en momentos como este. ¿Y mañana?, mañana se habrá pasado. He ahí el problema. En el fondo somos todos iguales. Pasivos, comodones y egoístas.

Nos pegamos tres cuartas partes de nuestras vidas criticando al poder establecido –por nosotros- y a quienes lo manejan, pero a la hora de salir a la calle es mejor quedarse en casa a descansar o a hacer deberes. Total, “no sirve para nada”. He tenido que escuchar esa frase tantas, tantísimas veces, que ya ni siquiera me sorprende la torpeza de quien la dice. Pasividad, comodidad y egoísmo, eso es todo. Resulta bastante obvio que la única manera de no conseguir nada es el no inmutarse.

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Nos movemos por intereses y muchas veces no nos damos ni cuenta, pero las relaciones que hacemos a diario no son más que factores que nos aportan un beneficio, aunque sea de manera inconsciente. ¿Cuál es el problema?, que todo acto desencadena una consecuencia, y muchas veces esa consecuencia produce dolor a terceras personas. Pero eso tampoco importa. Cada uno a lo suyo sin pensar en el resto. Y tras experiencias de este tipo, no nos queda otra que agriar nuestro carácter y volvernos “duros”, cuanto más mejor, preparándonos para provocar dolor a las siguientes ‘víctimas’ de esta sociedad pasiva, comodona y egoísta que hemos creado. Para que no nos hagan daño resulta imprescindible hacerlo primero. No importa arruinar la vida de quien permanecía impávido, sereno, feliz… no importa porque hoy solo miramos por el yo y el sálvese quien pueda, y así nos va.

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